La Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz hecha por las Naciones Unidas en 1999, afirma en su artículo 4 que “la educación a todos los niveles es uno de los medios fundamentales para edificar una cultura de paz. En ese contexto, es de particular importancia la educación en la esfera de los derechos humanos”. Es más, crecientemente se destaca la importancia del papel del maestro como agente de cambio y promotor de la comprensión y la tolerancia. “La necesidad de transitar desde un nacionalismo obcecado hacia el universalismo, desde el prejuicio étnico y cultural hacia la tolerancia, la comprensión y el pluralismo, desde la autocracia hacia la democracia… impone una gran responsabilidad sobre los maestros, principales moldeadores de la personalidad e intelecto de las nuevas generaciones. Hay mucho en juego y los valores que se forman durante la niñez y a través de toda la vida adquieren singular importancia”, señalaba hace unos años el informe “La Educación encierra un Tesoro”, hecho para la UNESCO por la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Las experiencias que se presentan a continuación dan cuenta de acciones asumidas en pro de este objetivo y que contemplan un rol protagónico de la escuela.