La acción de Bukele es un revés para la democracia de Salvador y evoca la intolerancia de los gobiernos militares del pasado. La notable popularidad del presidente Bukele y los méritos de su préstamo propuesto para abordar el problema de seguridad del país son irrelevantes y no justifican recurrir a una demostración de fuerza en el parlamento nacional. Tales tácticas de brazo fuerte ponen en riesgo el orden constitucional.