La única solución que veo ahora es que el gobierno de Cuba abandone, como hicieron China y Vietnam, la idea de que la economía debería ser administrada mayoritariamente o abrumadoramente por el Estado. Lo que más se necesita es un sector privado que sea relativamente independiente del Estado, lo que significa que las corporaciones y las empresas deberían poder crecer, competir, exportar e importar, solicitar inversiones y contratar trabajadores directamente. Pero [esto] no convertirá a Cuba en una democracia ni en un país libre. El cambio económico puede comenzar a remodelar el panorama político, pero es muy poco probable que se produzca un cambio rápido en ese frente.