El 16 de julio de 2026, el Programa México del Diálogo Interamericano organizó un evento virtual sobre la evolución de la agenda de salud pública de México, con especial atención a la prevención, el diagnóstico y la atención del cáncer y las enfermedades cardiovasculares. La conversación examinó los avances y principales brechas del sistema de salud, así como las oportunidades para fortalecer la coordinación institucional, la innovación sanitaria, la regulación y la colaboración regional en el marco del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
El panel contó con la participación de Alfonso Dueñas, ex investigador sénior del Instituto Nacional de Cancerología (INCan); Andrea Gallardo, coordinadora del capítulo de cardio-oncología de la Sociedad Mexicana de Cardiología; y Jorge Gaspar, cardiólogo del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez y del Centro Médico ABC. La conversación fue moderada por Santiago March, director de nuevas tecnologías de la Fundación Mexicana para la Salud (FUNSALUD), y contó con las palabras de apertura de María Calderón, asociada sénior del Programa México del Diálogo Interamericano.
Los participantes destacaron que la prevención y el fortalecimiento del primer nivel de atención deben ocupar un lugar central en la política pública. Mejorar la capacidad de los servicios de primer contacto para identificar signos de alarma, evaluar factores de riesgo, realizar diagnósticos oportunos y referir a pacientes a servicios especializados será fundamental para reducir las brechas existentes. La conversación también resaltó la importancia de ampliar los programas de tamizaje y detección temprana para distintos tipos de cáncer, cuya cobertura continúa siendo insuficiente.
El panel subrayó asimismo la necesidad de abordar el cáncer y las enfermedades cardiovasculares de manera integrada, debido a que comparten factores de riesgo como obesidad, diabetes, hipertensión, sedentarismo, tabaquismo y envejecimiento. Los participantes señalaron que la atención oncológica debe incorporar también la prevención, detección y manejo de complicaciones cardiovasculares asociadas con determinados tratamientos. La referencia tardía, la falta de monitoreo basal y el seguimiento insuficiente pueden afectar los resultados clínicos, interrumpir tratamientos y generar costos adicionales para pacientes y para el sistema de salud.
La información, los registros y la medición de resultados fueron identificados como elementos esenciales para mejorar la planeación y la asignación de recursos. Los participantes destacaron la necesidad de contar con registros nacionales sólidos que permitan dimensionar las necesidades epidemiológicas, evaluar tratamientos y orientar políticas públicas con base en evidencia generada en México. En particular, señalaron que la instrumentación plena del Registro Nacional de Cáncer, establecido legalmente desde 2017, continúa pendiente. Una mejor capacidad de medición permitiría evaluar el impacto de las intervenciones, identificar brechas territoriales y avanzar hacia estrategias de salud más preventivas y basadas en evidencia.
La conversación también exploró el papel de la innovación y las tecnologías digitales en la transformación de la atención sanitaria. La telemedicina, el monitoreo remoto y otras herramientas digitales pueden facilitar el seguimiento clínico, reducir barreras de acceso y mejorar la continuidad de los tratamientos. Los participantes señalaron que la simplificación de esquemas terapéuticos, cuando sea clínicamente viable, también puede contribuir a mejorar la adherencia y optimizar recursos. Sin embargo, enfatizaron que la adopción de innovación requiere validación clínica, financiamiento, capacidades institucionales y criterios claros para priorizar tecnologías con impacto comprobado.
El financiamiento y la implementación de políticas públicas continúan representando retos estructurales. Los participantes señalaron que los recursos insuficientes afectan la capacidad para fortalecer la prevención, el diagnóstico oportuno, la infraestructura, los insumos y el personal especializado. Más allá del diseño de políticas, la implementación efectiva sigue siendo una de las principales brechas, especialmente cuando los programas carecen de recursos, mecanismos de seguimiento y capacidades operativas. En este contexto, una política nacional de cáncer y programas prioritarios adecuadamente financiados podrían ayudar a establecer objetivos comunes, asignar responsabilidades y dar continuidad a las acciones de prevención y atención.
El panel también examinó el T-MEC, la regulación sanitaria y la innovación farmacéutica como áreas con potencial para fortalecer el ecosistema de salud mexicano. Los participantes señalaron que el marco regional puede ofrecer oportunidades para ampliar la cooperación en investigación, desarrollo tecnológico e innovación farmacéutica. Asimismo, destacaron la importancia de que la regulación sanitaria y la COFEPRIS funcionen como habilitadores de la innovación mediante procesos más eficientes y mayores capacidades para incorporar nuevas tecnologías. Un entorno regulatorio predecible y una mayor coordinación institucional serán igualmente importantes para fortalecer la investigación, el desarrollo y el acceso oportuno a tratamientos innovadores.
La discusión abordó también el papel de los Protocolos Nacionales de Atención Médica (PRONAMs) y las guías clínicas para estandarizar la atención y orientar las decisiones médicas. Si bien estas herramientas pueden contribuir a reducir variaciones en la práctica clínica, su efectividad dependerá de su implementación dentro de un sistema fragmentado. Los participantes enfatizaron la necesidad de acompañarlas con financiamiento, disponibilidad de medicamentos, infraestructura, personal capacitado y mecanismos de actualización y seguimiento, así como con rutas de referencia más claras y una mayor coordinación entre instituciones.
La conversación concluyó destacando que la colaboración multisectorial y el fortalecimiento de las capacidades institucionales serán determinantes para transformar las prioridades de salud pública en resultados concretos. La cooperación entre gobierno, academia, profesionales de la salud, industria y organizaciones de pacientes puede contribuir a generar evidencia, desarrollar capacidades e impulsar soluciones implementables. Los participantes coincidieron en que una mejor coordinación, responsabilidades claramente definidas y mecanismos de seguimiento serán esenciales para fortalecer el sistema de salud mexicano y avanzar hacia una atención más preventiva, integrada y basada en resultados.
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