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La era Post-Chávez en Venezuela y América Latina

By Peter Hakim
Infolatam, January 3, 2013

A version of this article in English is available here.

Uma tradução desse artigo em português pode ser acessado aqui.

Al ganar las elecciones en 20 de las 23 regiones en que se ele gía gobernador en Venezuela, los partidarios de Hugo Chávez no dejaron ninguna duda de que el “chavismo”, la especial marca política populista del líder antiestadounidense, no terminará necesariamente por su muerte o incapacidad. Cierto, los votantes venezolanos pueden simplemente haber expresado su simpatía por Chávez mientras lucha por recuperarse de su cuarta operación por el cáncer que lo aqueja en los últimos 18 meses. Pero una derrota tan contundente no es, claramente,  un signo favorable para los opositores a Chávez o al chavismo. Las única buena noticia para éstos, fue que el líder opositor Henrique Capriles, que perdió ante Chávez en las elecciones presidenciales de octubre, pudo lograr una estrecha victoria.

Durante algunos años Chávez fue una figura central, aunque principalmente perturbadora, en los asuntos interamericanos. Recientemente, sin embargo, su influencia se ha ido restringiendo cada vez más a Venezuela. Incluso allí, ha enfrentado crecientes desafíos a causa de de una oposición más unida e inteligente así como de las deficiencias de su propio gobierno, particularmente en temas económicos y de seguridad pública. Su músculo regional e internacional se debilitó según se iba deteriorando la economía venezolana, y su aparentemente incombustibles energía y virulencia se desvanecieron con su enfermedad. Cuando los dos blancos principales de sus frecuentes asaltos verbales dejaron su puesto (George W. Bush en 2009 y el presidente colombiano Álvaro Uribe en 2010), se le hizo cada vez más difícil mantener la atención internacional en sí mismo y en Venezuela.

Sin embargo, Chávez sigue siendo el maestro de ceremonias en Venezuela, donde ha sido la presencia política dominante y la autoridad final en todas y cada una de las materias. Fue Chávez personalmente quien mantuvo al movimiento chavista unido. El antagonismo frente a Chávez, fue también un importante factor unificador para una oposición fraccionada. Eclipsando a cualquier otro en la vida pública venezolana, Chávez ha hecho difícil predecir qué viene después en la política nacional, cuando él esté finalmente fuera del escenario.

Si Chávez - a causa de enfermedad o muerte-no puede continuar como presidente, lo que ahora parece probable, la Constitución venezolana establece que una nueva elección se celebre dentro de  30 días. Suponiendo que la constitución se imponga (y la mayoría de los observadores creen que lo hará), el candidato de la oposición es casi seguro que será Henrique Capriles, quien fue reelecto gobernador del segundo estado más grande de Venezuela, Miranda, por un pequeño margen, y es uno de los tres gobernadores de la oposición que permanecieron en el cargo.

Aunque Chávez le ganó cómodamente por 11 puntos en las elecciones presidenciales de octubre, Capriles llevó a cabo una campaña vigorosa e inteligente en circunstancias difíciles y hoy es ampliamente considerado como el candidato más fuerte de la oposición, aunque la unidad de ésta esté apenas garantizada. La oposición se desinfló y desmoralizó después de la derrota de octubre, y todavía se enfrenta a la tarea de reunir y revigorizar su movimiento.

Si, de hecho, Capriles o cualquier otra figura opositora puede vencer al sucesor designado de Chávez, el Ministro de Asuntos Exteriores y vicepresidente Nicolás Maduro, sigue siendo incierto. Dentro del movimiento chavista, el mismo Maduro puede acabar luchando por la supremacía con otros correligionarios, por ejemplo, Diosdado Cabello, el actual jefe del parlamento, que tiene un fuerte apoyo en el ejército. Antes de las elecciones presidenciales de octubre, Capriles superó a Maduro y a otros posibles candidatos chavistas en las encuestas. Pero los resultados de las elecciones para gobernador, junto con datos de encuestas recientes sugieren que Maduro tendrá la ventaja, sobre todo si se celebrasen elecciones pronto y Chávez hiciera campaña por él.

Sin embargo, nadie puede estar seguro de quién va a liderar Venezuela en una era post-Chávez, pero quien quiera que sea se enfrentará a un catálogo de formidables desafíos -incluyendo la revitalización de una lenta y cada vez más caótica e inflacionaria economía; revertir el descenso continuado de la producción de petróleo (que representa casi el 90 por ciento de los ingresos de exportación del país y la mitad del presupuesto nacional); poner bajo control una ola de delincuencia y violencia sin precedentes; además de mantener los populares programas de bienestar social y de salud de Chávez.

Durante los 14 años de gobierno centralizado de Chávez y de su ferviente concentración de poder, las instituciones democráticas se han deteriorado drásticamente en Venezuela. Pero no es probable que reconstruir la democracia y el imperio de la ley sea una prioridad inmediata para ningún candidato chavista. Va a ser un objetivo central, sin embargo, si Capriles llega a la presidencia.

La mayor incertidumbre es si la política del país seguirá estando amargamente polarizada, como lo ha estado durante la mayor parte del período de Chávez, o si sus opositores y partidarios pueden empezar a encontrar áreas de compromiso y reconciliación. La polarización podría, por supuesto, empeorar y quizás llegar a un período de fragmentación política y de inestabilidad, o incluso a enfrentamientos violentos.

Aunque Venezuela podría enfrentar una creciente inquietud y perturbación, la muerte de Chávez no tendrá mucho efecto sobre la dinámica de los grandes asuntos regionales. Sin el inquietante comportamiento de Chávez, el ya predominante papel de Brasil en América del Sur puede ser modestamente reforzado. A pesar de que tiene un pequeño papel en las negociaciones, es poco probable que la muerte de Chávez afecte las perspectivas de un acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC.

El cambio es más probable que ocurra en el frente económico. El apoyo de Venezuela a Cuba ha sido esencial para mantener la economía de la isla a flote. Si este apoyo llegara a ser detenido, Cuba podría enfrentarse a una crisis humanitaria. La ayuda directa venezolana también ha sido importante para varios países, entre ellos Nicaragua y Bolivia. Y ha sido uno de los pocos clientes de los bonos argentinos en los últimos años.

Petrocaribe,  el programa de Venezuela para ayudar a los países pobres en energía del Caribe y América Central, ha brindado asistencia crítica durante un difícil período de altos precios del combustible. Su pérdida será sentida. Sin embargo, no es del todo seguro que las iniciativas de ayuda de Venezuela serían drásticamente reducidas, al menos no en el corto plazo, por un gobierno de oposición que, después de todo, querría mantener buenas relaciones en la región.

Por cierto, Chávez ha sido un importante factor de irritación para los Estados Unidos, pero sus acciones, aunque preocupantes, han jugado un papel muy secundario en la decreciente influencia de Washington en la región. Mucho más responsables han sido los dramáticos cambios que han tenido lugar en América Latina en general, que se ha convertido en una región más fuerte económicamente, más independiente políticamente y más firme a nivel internacional. El surgimiento de Brasil ha sido particularmente importante en este sentido. Los Estados Unidos también ha perdido influencia a causa de sus propios problemas económicos y presupuestarios, una debilitante polarización política y las distracciones de dos guerras en el extranjero. La muerte de Chávez ciertamente no va a restaurar la influencia de EE.UU. en América Latina.

Peter Hakim is President Emeritus and Senior Fellow at the Inter-American Dialogue.